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jueves, 11 de noviembre de 2010

Misterio en el teleférico ( Final ).


Hola, amigos bloggeros. Por fin, voy a terminar mi relato policíaco "Grises sombras sobre el nevado manto...Misterio en el teleférico". Estoy preparando otro: "Rosas rojas en el verde césped".

Dos sombras se acercaban al Hotel Convención...Desde la ventana de su habitación, el detective Silva observaba. Todo concordaba. Estaba preparado el plan con precisión matemática, "sherlockholmesiana".

Las dos personas entraron en el hotel, subieron en el ascensor y entraron en la habitación del deceso. Efectivamente, en el suelo, junto a la cama, había dos objetos de valor ( eran los encontrados por los sobrinitos de Jorge). Los cogieron.

En ese momento, se encendieron las luces...Dos policías de paisano, procedieron a esposar a los culpables, que eran...

Pepe, el monitor de las pistas de esquí, y Juan Escofet, el cliente sospechoso del que hablaran el director del hotel y Silva.

Se avisó a todos nuestros amigos, excepto a los sobrinitos de Jorge, que estaban durmiendo. Eran las 11h de la noche.

El inspector Ramírez, que dirigía, por autorización de la policía local, las operaciones, dijo a los presuntos culpables:

-Ya tenemos sus huellas dactilares, que nos han enviado los operarios de la Policía Judicial.Son sus huella, no hay duda. Quedan detenidos, aunque tienen derecho de habeas corpus. La impunidad de un crimen, una vez más, ha sido derrotada. En la cárcel, como presuntos culpables, reflexionarán sobre este hecho. Ojalá puedan reconducir su conducta delictiva. ¿Se reconocen culpables? Sería una atenuante.

-Firmaremos este escrito que han preprado. Estamos arrepentidos, pero es verdad, los crímenes no pueden quedar impunes.

-Eso dice mucho en su favor- dijo el Doctor Requejo-. En el juicio, me tendrán ustedes a su favor, no porque apruebe el crimen, sino para proponer al juez una atenuante. Pero se merecen la prisión. Han quitado una vida, lo más sahgrado del ser humano.

Abrumados, los presuntos asesiones, bajando la cabeza, fueron conducidos esposados al furgón policial.

Y nada más. Aquí termina esta novela-río, que he ido construyendo entre carrera y carrera. Confío os haya gustado.

Los amigos regresaron al dia siguiente, a su localidad, después unos días de asueto, esquiando y... haciendo de detectives.

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