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lunes, 16 de agosto de 2010

Albas sábanas teñidas carmesí (final).








Aquel día, por la mañana, en la sala de reuniones de la vieja Comisaría, se iban a precipitar los acontecimientos.

Mientras esperaban a los sospechosos, Silva y Ramírez estaban despidiendo a Pepito y a Alicia, los simpáticos sobrinos de Jorge, seguramente futuros sabuesos en el difícil arte de la Criminología. Les dieron dinero para que se compraran unas chuches, y quedaron para que, por la tarde, fueran al cine. Jorge, Laura y Silva, iban a ver la película de moda,"El Equipo A". Pero antes, había que desentrañar un importante misterio.

Se fueron los simpáticos muchachos, muy contentos. Ahora empezaba la parte dura. Presidiendo la mesa de reuniones, el Inspector Ramírez. A su lado, el detective Silva. Una pareja de policías, estaban de pie, detrás de ellos, con una orden judicial de detención. Ramírez llevaba en la mano todo un "dossier": expedientes psiquiátricos, muestras de ADN del equipo forense, fotos del lugar del crimen, donde asesinaron al señor Martínez, etc.

Dos siluetas, vacilantes, entraron en la sala. Eran la de un hombre y de una mujer.¡Sorpréndanse! ¿Quién era el hombre? Nada más y nada menos que Miguel Consol, Subdirector del Hospital General. ¿Y la mujer? ¿No lo recuerdan? La señora Bruno, la enfermera jefe. Ninguno de los dos tenía cara de muy buenos amigos. Estaban descompuestos, pálidos, como si pensaran que su trama, urdida hace tiempo, estuviera a punto de ser desenmascarada, echada a los leones. Algo que tenían tan bien preparado, tan meditado, años y años...

Comenzó Ramírez:

-Señores, he tenido la deferencia de llamarles, dándoles antes la oportunidad (ayer) de que confesaran su crimen, lo que les hubiera supuesto una atenuante destacada. Pero no dijeron nada y fingieron muy bien, aún sabedores de que al detective Silva no se le iba a escapar detalle. Aquí tenemos todas las pruebas documentadas y la orden judicial de arresto, y creo que van a pasar una larga temporada entre rejas, que les vendrá muy bien para que, en adelante, eviten acciones punibles como ésta. La cosa no les ha salido bien.

-Pero,¿nosotros? -balbuceó Miguel Consol, el Subdirector del Hospital-. Nada tenemos que ver con ésto .Se trata de un error, de un tremendo error.

-Yo tampoco tengo nada que ver con ésto-tartamudeó con voz deja, débil y casi mortecina la imponente Sra. Bruno, que más bien parecía una avecilla asustada que la imponente jefe del "Séptimo de Caballería" que, dicho con todo respeto hacia ella y hacia el séptimo de Custer, semejaba en sus mejores tiempos-.

Así le llamaban (por lo "bajinis" sus compañeros del Hospital :

-¡Cuidado! ¡Que viene el Séptimo de Caballería!.

Pobre señora Bruno. En el fondo, no parecía mala persona, pero su carácter tremendamente autoritario, no era del agrado del personal del Hospital.

Habló Silva:

-Dentro de unos minutos, irán esposados a las dependencias judiciales, pues tienen derecho al "habeas corpus". Pero antes déjenme que les relate, lo que ustedes ya saben....

"Como les dije, en el análisis de sangre, se vio del señor Martínez, el difunto, mas también se vio sangre de Miguel Consol y de la Sra. Bruno. Ambos coadyuvaron a la muerte de Martínez. El autor material fue Consol, pero ayudado por Bruno, más experta en estas artes "introductorias". Una vez cometido el crimen, el señor Consol bajó a la subdirección y la Enfermera jefe, para disimular hizo una visita de rutina con su ayudante, y así no levantarían sospechas. Lo malo es que el arma homicida- el cuchillo- lo encontró el Dr. Requejo en la habitación de la enfermera jefe, cuidadosamente envuelta en un paño, en un armario de la habitación-despacho de Bruno.En cuanto al historial...El Secretario lo sabe y en estos momentos está entrando en la sala pues hará de testigo en el caso y testificará contra ustedes.Del expediente psiquiátrico del Sr. Consol, se muestra una personalidad inestable, esquizofrénica, con rasgos violentos, desdoblamiento de personalidad, sumamente ambiciosa y capaz de cualquier cosa por lograr sus objetivos. Pretendía la dirección del Hospital y nada mejor que crear una situación de inseguridad, para que removieran al actual director y ser él el nuevo jefe. En cuanto a Bruno, pasaría a un alto cargo a cambio de su colaboración, con lo que ambos estarían beneficiados de la muerte del Sr. Martínez.".

El Inspector Ramírez entregó los documentos incriminatorios a los policías, quienes pasaron a esposar a los dos criminales. Apenas si opusieron resistencia.

-El Dr. Requejo- dijo Ramírez- grabó conversaciones de Vds, dos, preparando el crimen. Están las cintas como prueba incriminatoria complementaria y es claro que son sus voces. Está toda la trama grabada. Por las noches, se reunían a planear el crimen sin saber que el sabueso Requejo tenía la habitación donde hablaban- el despacho del subdirector- completamente "preparada" para las grabaciones. No pueden alegar nada.

Miguel Consol hizo un tímido ademán de huir. Todo era inútil. Unido por la mano a la esposa del fornido policía, tendría que arrancar el brazo de éste para huir, en una huida absurda y vanal.

El detective Silva se acarició la barbilla, inclinó la cabeza, hizo una mueca característica y dibujó en su cara una media sonrisa entre burlona, preocupada y expectante- estaba preparando un nuevo caso-"El crimen del teleférico" , que empezaba a rondarle por la cabeza-.

-Bueno señores, todos muy amables. A sus puestos...¡je,je!- siempre bromista este Silva- Cada uno a lo suyo, y cada mochuelo a su olivo...

Era Silva muy amante de los refranes.

-Y a quen Dios se la dé, San Pedro se la bendiga-quiso hacerse el gracioso Ramírez- pero la mirada dura, de acero, de Silva, le heló el corazón...-

-No, no, nada,...es un caso muy grave para bromear, señor Silva.Mejor lo que usted dice: "Cada mochuelo a su olivo". Por cierto Sr. Silva. hay un caso muy extraño en la estación de esquí de Sierra Nevada, se trata de un teleférico........

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