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viernes, 29 de julio de 2011

Línea Azul. Impresiones de un corredor (VI). El deporte, a partir de los dieciséis años.

Durante unas prácticas de técnicas de venta mensajería por avión,, en Barcelona, "Pueblo Español". Un domingo de descanso, con mi jefe el señor Llobregat. Era el año 1964. Tenía yo 20 años.





En el año 1965, en unas calas de Palma de Mallorca, durante el viaje de Estudios de la Escuela de Turismo de Alicante, a dicha zona turística.










Tras el Bachillerato Superior, viví una etapa en la que el deporte formó una buena parte de mi vida. Mi padre, tenía el deseo de que ingresara en la Academia Militar de Zaragoza, o bien en la Academia General del Aire de San Javier. Por ello, a partir de los dieciséis años, en parte en Murcia y en parte en Alicante ( destinarían a mi padre a esta ciudad), la Educación físico-deportiva tenía todas las semanas su apartado.




Esta actividad se iniciaría en el año 1960, cuando yo tenía ya dieciséis años, y tuvo dos etapas, la de Murcia ( entrenamientos en el Campo del Zarandona y en las pistas de la Escuela de Paracaidismo de Alcantarilla) y la de Alicante ( entrenamientos en la Ciudad Deportiva "Francisco Franco", del Frente de Juventudes).




Las pruebas que se pedían en las Academias Militares, eran bastante fuertes y este entrenamiento semanal era intenso. Doy relación de las mismas: a)Trepa por cuerda lisa.b) Saltos de longitud y de altura. c)Carrera: Cien metros lisos. d)Aparatos: plinto (voltereta), Salto del caballo y salto del potro. En los entrenamientos, previamente hacíamos, dirigidos por un entrenador, un calentamiento de un cuarto de hora consistente en un ligero trotecillo por la pista.




La prueba que más me gustaba era la de los cien metros lisos, que se me daba muy bien, con una salida explosiva. Quién me iba a decir que, a lo largo de los años, y ya en el umbral de la senectud, lo que me iba a agradar más iba a ser, precisamente , lo contrario: el gran fondo.




¿Dónde entrenaba en Murcia? En ocasiones, con el señor Molera, que era Presidente de la Federación Murciana de Lucha Libre, iba junto a otro compañero, Antoñito, al Campo del Zarandona murciano, y allí practicábamos el deporte. La verdad es que el salto del caballo y el del potro, se me resistían un poco. Después, me entrenó D. Arturo, que era Capitán del Ejército del Aire, y formamos un grupo de alumnos muy simpático. Nos desplazábamos semanalmente en autobús a Alcantarilla y en las pistas de la esuela paracaidista realizábamos los ejercicicos. A veces, desafiaba a algún compañero a ver quién daba la vuelta más rápida a la pista ( unos 400 ms.). Yo solía ganar, pero mi táctica no era muy buena, salía disparado como si fueran los 100 metros lisos y claro, hacia la mitad del recorrido me faltaba casi el aliento, y a duras penas terminaba. Lo que sucedía era que había sacado tanta ventaja, que la administraba hasta el final. Digo yo, si ese puede ser el origen de mi actual "molinete", del que ya os hablaré.


(Aquí un inciso "malévolo": ahora en las carreras hago casi lo mismo, doy tirones, dejo atrás a la gente y luego me falta el resuello y me vuelven a coger - algunos,a otros yas los he "licuefactado"-, es que no tengo remedio...).




Ya en Alicante, los ejercicios los realizábamos en la Ciudad Deportiva "Francisco Franco", en el Barrio de San Blas, y que era del Frente de Juventudes. Estudiaba en la "Academia Pastor", y un profesor de allí nos entrenaba una vez por semana. Al acabar, volvíamos a pie a la Academia, y subíamos por el Castillo de San Fernando, lo que ahora se llama "zona del Hipódromo". La Academia se situaba en una calle cercana a la Iglesia Parroquial de Santa María, en las inmediaciones de la Muntanyeta.




A los 19 años, hice el servicio militar como voluntario, y el Campamento, en el Polígono de Rabassa, me llevó unos dos meses. El Capitán General de la Región Militar de Valencia, señor Ríos Capapé, tenía que atender unas obligaciones por la provincia de Valencia y tardó varias semanas, sobre lo previsto, en acudir al Capamento de Rabassa a clausurar el período de instrucción. Empezando en agosto y hasta fines de septiembre, en Rabassa el calor era insoportable. Los ejercicios físicos diarios eran semejantes a los de preparación para Academias Militares. Pero se incrementaban con la instrucción militar: "de frente paso maniobra", y al trote avanzábamos durante mucho tiempo,...También teníamos largas marchas, aparte de los ejercicios propios militares ( lanzamiento de granadas, tiro con fusil, prácticas de Cetme, camuflaje,...). La verdad es que fue una actividad física importante. Cuando el Capitán General de la III Región Militar clausuró el Campamento, no nos lo creíamos. Me destinaron al Cuartel de Benalúa, pero ya la actividad física había terminado. Ahora, las guardias y cierta instrucción militar, muy llevaderas. Llegó el día de la licencia del servicio militar. Había cumplido con la "mili" y me dieron la correspondiente Cartilla.




Pero como no me gustaba la vida militar, se lo dije a mi padre y sé que para él fue un gran disgusto pues no seguí la tradición castrense de la familia de mi padre ( en buena parte) y no digamos de mi madre ( todos sus hermanos eran de Marina).




Durante la Carrera de Turismo que cursé en la capital del Benacantil, en la calle Felipe Bergé (Escuela de Turismo de la Caja de Ahorros provincial) el deporte era mínimo. Únicamente recuerdo que se celebraban algunos partidillos de fútbol, entre las promociones primera y segunda. El día del Patrono de Turismo, San Francisco Javier, y en 1966 concretamente, recuerdo que celebramos un partido trascendental. Dominaban los de la primera promoción, más veteranos ( yo jugaba en el equipo de la segunda) pero no marcaban. Yo me hacía un lío con el balón, y no me aclaraba. Era delantero, pero no me llegaban casi balones. Hacia el final del partido, ví un "balón muerto", que llegaba a mis pies. Estaba yo muy adelantado, cerca de la portería, viendo el dominio de mis antagonistas. Cogí el balón y me situé sólo ante el portero contrario. Disparé con todas mis fuerzas, a ver qué pasaba . ¿Y qué paso? Cerré los ojos y escuché los gritos de mis compañeros, vitoreándome. ¡Había marcado el gol de la victoria!. La suerte, como en todos los órdenes de la vida, es un factor importante, pero no hay que buscarla, viene sola.




Otra nueva etapa, muy interesante, fue la de los estudios de Magisterio, que ocuparon tres años de mi vida, esde 1969 a 1972. Con 25 años de edad los inicié, y era algo mayor que la mayoría de los compañeros. Allí, teníamos la asignatura de Educación Física, que en Alicante la impartía el señor Gras, y en Murcia D. Antonio. Pero fue una etapa muy relevante y que merece profunda reflexión. Hablaré de ella en otro capítulo, pues dio muchísimo de sí.




Un saludo, amigos bloggeros y feisbukianos. Soy muy feliz.









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