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sábado, 9 de julio de 2011

Línea azul (IV):Impresiones de un corredor.-La casa de los nueve pisos.

Cuando llegamos, mis padres mi hermanaa y yo, a Murcia, en el nuevo destino de mi padre com0 funcionario, procedentes de Alcoy, nos encontramos con el problema de la búsqueda de alojamiento. Mi padre había hecho unas gestiones, a fin de poder ocupar, en alquiler, una vivienda en el edificio denominado"la casa de los nueve pisos", emblemático en la capital del Segura en los comienzos de los años cincuenta. Se trataba de uno de los edificios más altos de la ciudad, ubicado en el llamado "barrio de Santa Teresa" y muy próximo al centro comercial y de la vida de la población. Era un quinto piso desde el que se podía divisar una buena vista, desde la fachada principal. No así desde la galería, que daba a un gran patio interior lleno de suciedad, como luego comentaré.Tenía la casa un amplio salón, al fondo del cual estaban los dormitorios de mis padres y de mi hermana y yo. Nada más entrar, a la izquierada, se ubicaban la cocina y el lavadero. El cuarto de baño estaba situado entre los dos dormitorios. Cuando yo, un niño de diez años, me asomaba a un pequeño balcón junto a la cocina, podía ver el patio interior. El espectáculo era casi dantesco: era un patio lleno de suciedad y basura, donde pululaban "animalillos nada gratos", digámoslo así. Los vecinos habían denunciado la situación ante el Ayuntamiento y Sanidad, sin que hasta ese momento obtuvieran fruto alguno. En la casa de los nueve pisos, pasamos todo el tiempo del verano, del calouroso estío murciano.Por la mañana, mi madre Teresa yo, íbamos a comprar al Mercado Central, cuando no contábamos con la ayuda de Antonio y Antoñico, dos personas que colaboraban en la "intendencia" de la casa. Ellos cuidaban de mi hermanita, o se encargaban de llevarla a un colegio cercano que abría en verano.También recibíamos ricos presentes, el fruto de la Huerta, de otros amigos que eran agricultores: melocotones, higos, cerezas, etc. Pero yo recuerdo especialmente los melocotones, que tanto gustaban a mi madre y a mi hermana. De niño jugaba con diversos elementos que convertía en entretenidos juguetes : batallas con tornillos, partidos con pajaritas de papel, carreras con fichas de dominó y otros ingenisos entretenimientos. Así pasaba, en solitario, largas sesiones de la mañana y de la tarde. Mi padre me llevaba a pasear y, por las noches era preceptivo, en muchas ocasiones, el asistir a diversos espectáculos en la Plaza de Toros. Lo más usual era asistir a veladas de lucha libre americana.Ídolos míos eran Aledo y Chauson, que casi siempre ganaban sus combates, uno en el peso pluma y otro en el peso "welter". Antes, mi padre y sus amigos se tomaban en el bar una "paloma" ( agua con anís), mientras que yo degustaba un refresco (de cola , de naranja o de limón) con sifón. También recuerdo los "malos" del catch: eran la "Pelona", el Enmascarado, el Carnicero del Ring y tantos otros. Tras el grito, por el juez, de "segundos fuera", comenzaban unos combates " encarnizados" pero, a la vez, muy entretenidos. Los cines de verano, " a la fresca", eran otros espectáculos a los que asistía, esta vez con toda la familia. Lo pasábamos muy bien y muy distraídos. José, mi padre , era un ferviente defensor y "aplicador" de la siesta. Después, todos los miembros de la familia Moratinos, nos echábamos una reconfortante siesta, que solía durar una hora y media. Era un sistema eficaz para combatir, o al menos paliar,los efectos del gran calor, auténtica canícula, del verano murciano. Las familias que podían, abandonaban la ciudad en esa estación, para "huir" a las más refrescantes orillas del Mar Menor o de Torrevieja, puntos de destino preferidos. Fue un verano (el de 1954)bastante "lleno" de aconteceres y de hechos, de modo que pasó muy rápidamente. Al acabar, iríamos a alojarnos a una segunda vivienda murciana, situada en la calle Simón García número 31, y de la que si podemos, nos ocuparemos en otra ocasión. El barrio de Santa Teresa, sería algo esencial e importante en mi vida, y en sucesivos episodios vitales,ocuparía un lugar que no podría olvidar,en mis reciuerdos: la Academia de don Bernardo (de preparación para las Academias Militares), zona depaso a la Academia de don Ramón (donde preparé el curso Preuniversitario) y lugar de paso mientras esperaba que saliera de clase mi sobrina, cuando se preparaba para ingresar en el Magisterio Nacional,...
Nada más por ahora. Saludos, amigos bloggeros y feisbukinos. Soy muy feliz.

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