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domingo, 27 de junio de 2010

El matrimonio Cano.



(Pongo otra entrega de la novela que estoy escribiendo; no puedo decir mucho más, pues hay sorpresas sobre el desenlace, que creo nadie espera, pues es sorprendente. No puedo de momento decir nada más...).
MISTERIO EN EL MARATÓN.

El matrimonio Cano, era simpatiquísimo. Todo en ellos, marido y mujer, era amabilidad y buena disposición. El marido Eduardo y la mujer, María, fueron a visitar a Jorge en la habitación del hotel "Convención", donde recalaba nuestro protagonista, tras cada etapa del Iron- Man.
Eduardo, como cómplice de algo, susurró a Jorge:
-Hemos hablado con el vagabundo, con "El Trotes". Esta mañana le hemos preguntado sobre el posible asesinato, pues él parece ser que vio todo, o al menos, parte de lo que sucedió.
-¿Y qué les dijo?-preguntó Jorge, todo intrigado-.
-Él dice que vio una sombra en la noche, cerca del hotel, en las inmediaciones del jardín que lo rodea. Esa sombra se acercó a Luis, que estaba paseando por esa zona. Después, se oyó un grito agudo y largo y la sombra se alejó corriendo a toda prisa.
-¿Podría ser esa sombra, la del asesino de Luis?
-Muy probablemente-terció María-. No hay otra explicación. El vagabundo dice que se acercó a un cuerpo que yacía inerte en tierra. Era el de Luis, y aún estaba el cuerpo caliente. Asustado, el vagabundo se alejó, pues pensaba que si no, podrían implicarle a él en el asesinato.
-¿Y qué hora era?
-Sobre las once de la noche- dijo Liuis-. Él asegura que era esa hora, pero no lleva reloj; se guía por deducciones y por su experienia en tema de oscuridades.
-Pero no hay que hacerle mucho caso-dijo Jorge-. Casi siempre está bebido y lo dicho puede ser imaginación del vagabundo.
María respondió muy segura, y acaso algo enfadada:
-Cuando le preguntamos por lo que vio, estaba sobrio; llevaba una botella en la mano, pero estaba abriéndola y aún no la había bebido. Yo creo en ese hombre, pues aunque algunos dicen que está loco y le llaman "El Trotes", es buena persona e incapaz de hacer daño a nadie. Hay que tener en cuenta su testimonio. Dígaselo al detective Silva, pues ese bohemio del "Trotes" puede tener mucha información y muy valiosa, sobre el tema.Solo que...
-¿Qué?, preguntó intrigadísimo Jorge.
-Solo que...me llamó de "Trotes" la atención una cosa. Llevaba en la muñeca izquierda una pulsera que parecía de oro. No pega que una persona vagabunda lleve un aditamento de oro.
-Pero,¿sería de oro? Puede ser bisutería.
-No,no,...Era de oro, seguro, yo entiendo mucho de esas cosas-afirmó Eduardo-.
-¿Bah!-espetó Jorge- yo no diría que lo afirmado por el vagabundo sea importante. No doy crédito a las palabras de ese "mendigo"...Desvaría, va bebido, y dice cosas incoherentes. Creo que no tiene ningún valor lo aportado. De todos modos, muchas gracias por su colaboración. Pondré la información en conocimiento del señor Silva, que está recopìlando toda clase de datos sobre el crimen...En el caso de que haya sido crimen.
Jorge despidió, en la puerta de su habitación del hotel, al simpático matrimonio. Era tarde y tenía sueño. Al dia siguiente le esperaba una durísima etapa del "Iron-Man" y tenía que estar descansado. Iba el quinto clasificado absoluto y quería ganar alguna posición, a ver si al final de las pruebas conseguía subir al podium. No quería que la preocupación por la muerte de su amigo, desviara su mente del motivo principal de su estancia en el hotel: ganar la prueba final o, al menos, tener podium con trofeo, diploma y la medalla corresponiente.
Había muchos cabos sueltos en ese deceso y era Silva quien debía desentrañarlos. Él, un ultrafondista, no era capaz de abrir la madeja de este intrincadísimo caso, con hipótesis e incógnitas por todos lados.

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