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lunes, 28 de junio de 2010

Interviene el doctor Requejo.






(Nueva entrega de la novela policíaca "Misterio en el Maratón". Id siguiendo pistas, que doy- entre líneas- muchas indicaciones...).

El doctor Requejo, médico oficial del "Iron-Man", entró decidido en el Hotel "Convención".
-Voy a examinar el cadáver. Me acompañará el forense, que se hará cargo del fallecido
cuando yo haya hecho las averigüaciones pertinentes.
El Jefe de Recepción le dijo:
-Señor Requejo, está aquí el Inspector Ramírez, que ha sido designado por la Comisaría para investigar el caso. Viene con una pareja de policías.
-Está bien, que me acompañen.
Jorge, le consultó:
-Doctor Requejo, ¿puede estar presente el detective Silva? Lo he contratado para que ayude en la investigación.
-Está bien; que esté presente, pero no debe intervenir para nada, ni comentar nada. Se mantendrá apartado unos metros del cadáver.
El grupo, salió del Hotel y se encaminó a la entrada del jardín circundante, donde yacía el cuerpo inerte de Luis.
Apreció, al llegar, el Inspector Ramírez:
-Es curioso, como ya observé anteriormente, el cuerpo tiene un moratón en el brazo.Parece recibió un golpe.
-Mmmmm...-dijo el doctor Requejo-. Junto al cadáver hay una colilla de cigarrillo, un
conjunto de pelo negro, como si le hubieran arrancado pelo del bigote o la barba, y un trozo de...¡fíjense! un trozo pequeño de papel, y parece que hay algo escrito, casi ilegible por la humedad, la tierra y el polvo de este camino.
-Se hará cargo la policía de todo ello, pueden ser pruebas importantes- dijo el Inspector Ramírez-. Agentes, háganse cargo de estas pruebas; con sus guantes, cojan estas pruebas e introdúzcanlas en esta bolsa de plástico. Lo llevaremos para que se investigue en el laboratorio de la Comisaría, por la policía judicial.
Así lo hicieron. A todo ello, el detective Silva, de la Agencia de detectives "Silva-Investigación privada", observaba todo, ojo avizor. A sus ojos de buen sabueso, no se le escapaba detalle y en una libreta iba anotando incansablemente
lo que observaba y sus- seguramente, o al menos así lo `pensaba Jorge- deducciones, hipótesis o pre-conclusiones.
Jorge, reflexionaba sobre lo visto:
-¡Qué interesante es todo esto! Parece que Silva sea un moderno Sherlock Holmes, y sólo le faltaba la lupa, la gabardina estilo inglés, con el cuello sin doblar y una pipa que le sirviera de apoyo a la reflexión. Pero Silva va de esport, en mangas de camisa, con el cuello desabrochado y unos pantalones vaqueros. No parece un detective...
En efecto, Silva tendría unos cuarenta años, pero su espíreitu y atuendo eran informales y juveniles. Las apariencias engañan. Aunque no llevara gabardina, era un portento en la deducción y a lo mejor, hasta tenía ya el caso resuelto... Tiempo al tiempo.
Vino una ambulancia que llevó al cadáver al Instituto de Medicina Legal, para el examen forense detenido, que indagara las causas del fallecimiento. Después se llamaría a los familiares de Luis, y éstos se harían cargo del cuerpo para todos los efectos de entierro o posible incineración, etc.
Cuando se quedaron solos, en el hall del hotel, Jorge y el detective Silva, nuestro protagonista preguntó:
-Señor Silva, ¿qué piensa usted de todo esto? ¿Tiene ya alguna pista, o acaso sea aún muy pronto?
-Es muy interesante, es muy interesante...-musitó Silva-. Tengo una hipótesis, pero he de confirmarla, entrevistarme con algunas personas y solicitar del Inspector Ramírez me deje accedwer a las pruebas, para así confirmar lo que sospecho hondamente...
-Pero, señor Silva, ¿acaso sabe usted ya quién es el asesino? Vamos, en el caso de que haya sido asesinato.
-Con una mirada especial, como si una bombilla se hubiera encendido en su cerebro, dijo el detective estas enigmáticas y electrizantes palabras:
-Aún hay mucho trabajo por hacer, pero creo que, para confirmar lo que pienso, debo aún dedicar un tiempo a mis pasos pertinentes.
-Señor Silva- continuó Jorge-, pero, ¿sabe quién mató a mi amigo?
-Creo que sí, creo que, efectivamente, lo sé, pero se ha de probar una serie de hechos. Sin pruebas, no se puede acusar a nadie.
Jorge se admiró. ¡Este Silva! Es capaz de averiguar quién es el criminal, sólo con una conversación o una pequeña prueba.¡Qué poder deductivo!
Invitó al detective a un almuerzo, dado que era la hora apropiada. Se había ganado- en realidad, se lo habían ganado los dos- una recompensa, siquiera sea "gastronómica".
El Hotel "Convención" rebosaba paz y tranquilidad. Los atletas se preparaban, velando armas, para la dura etapa del dia siguiente. Era la llamada "etapa reina" por su exigencia.

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